A finales del siglo XIX, en Australia, un joven y prometedor actor llamado Frederick Matthias Alexander comenzó a experimentar un problema que amenazaba su carrera: se quedaba ronco cada vez que subía al escenario. Los médicos de la época no lograban encontrar la causa ni ofrecerle una solución efectiva. Convencido de que el origen de su dificultad estaba relacionado con la manera en que actuaba y recitaba, Alexander decidió investigar por sí mismo.
Colocándose frente a un espejo, comenzó a observar detenidamente lo que hacía con su cuerpo al recitar. Descubrió que, sin darse cuenta, llevaba la cabeza hacia atrás y hacia abajo, comprimía la laringe y acortaba su estatura. Lo más sorprendente era que no tenía la menor sensación de estar haciéndolo: lo que él percibía internamente no coincidía con lo que el espejo le mostraba. (Seguramente a muchos nos ha pasado al ver una foto o un video nuestro y notar que nuestras posturas o gestos no son como creíamos).


¿Quién fue F. M. Alexander?
Entonces Alexander decidió recitar sin realizar esos movimientos que había observado, pero por mucho que se proponía dejar de hacerlo, en el momento en que comenzaba a recitar volvía a tensarse de manera automática. Afortunadamente, era un joven extremadamente paciente y pasó meses experimentando, buscando la manera de recitar sin la tensión a que acostumbraba.
Al final lo logró y solucionó su problema de voz. ¿Cómo lo hizo? Sería demasiado largo explicarlo aquí, pero para simplificarlo, se dio cuenta de que necesitaba cambiar la actitud con la que recitaba. Descubrió que la solución estaba en dejar de hacer lo que hacía de más, en lugar de aplicar un esfuerzo muscular extra para corregir, y en poner atención a su cuerpo completo, priorizando que su cuello estuviera libre.
Una vez solucionado su problema, Alexander comenzó a dar clases de voz aplicando estos principios y usando sus manos para guiar a sus alumnos, de tal manera que para ellos fuera mucho más fácil cambiar de lo que había sido para él. Sus alumnos le reportaron que, además de mejorar la voz, se solucionaban otros problemas como indigestión crónica o depresión, por lo que Alexander comprendió que sus descubrimientos tenían implicaciones muy amplias. En 1904 emigró a Londres, donde contó con el respaldo de médicos y científicos, y tuvo como alumnos a personajes como John Dewey, Aldous Huxley y George Bernard Shaw. Ahí vivió hasta su muerte en 1955.
Hoy en día, somos miles de profesores certificados en el mundo y la gente nos busca para solucionar problemas causados por tensiones musculares y posturas dañinas. En México todavía somos muy pocos porque hasta enero del 2016 (cuando abrió la primera escuela en el país) para certificarse era necesario viajar al extranjero a cursar la formación.
